Paseo por la Isla Mujeres en México
Iniciamos nuestro itinerario en el único pueblo de la isla —también llamado Isla Mujeres— cuya calle principal es paralela a la costa del lado oeste. Es poco más que un pueblecito, encajado entre mar y arena al norte, al sur y al este; no hay elevaciones altas que obstaculicen la vista. Muchas de las actividades de la isla se desarrollan alrededor del pequeño grupo de embarcaderos, en la avenida Rueda Medina, entre la calle Abasolo y la avenida Bravo, ya que los transbordadores llegan y salen desde allí. La placita (plaza Principal), delimitada por la calle Morelos, la avenida Bravo y las calles Guerrero e Hidalgo, no está cargada del tipo de monumentos que ocupan otras plazas mexicanas. Aquí las escenas típicas son la práctica del baloncesto en las canchas permanentes, los niños que juegan en los patios, los lugareños que se reúnen a charlar frente al palacio de gobierno, y las mujeres que venden cucuruchos de frutas. En dias de fiestas y fines de semana preparan la plaza para las representaciones de danzas, conciertos y fiestas.
Foto: Isla Mujeres
Prosigamos por cualquiera de las calles en dirección norte-sur hasta playa Cocoteros, una de las playas más bellas de la isla, donde puede caminar por la orilla adentrándose en las apacibles aguas. Lo único bueno que hizo el huracán Gilbert, según los isleños, fue ampliar esta playa y otras de sotavento al acarrear arena desde Cancún. Por el camino se encuentran simpáticas palapas con bares donde sirven bebidas y tapas, y puestos donde se pueden alquilar equipos de buceo, motos acuáticas, flotadores, tablas de windsurf y a veces paracaídas acuáticos. Si recorre en toda su longitud la “Cocos” (como es conocida popularmente) hasta la Punta Norte, llegará a un pequeño puente de tablas de madera que conduce a lo que fue Costa Azul
—anteriormente hotel del Prado— en su propia isleta privada. Con la marea baja puede incluso vadear esta estrecha lengua de agua, y al oeste del edificio verá algunos hoteles, algunas tumbonas y palapas, un espacio rocoso (la playa fue barrida por el huracán de 1988) y arena, arena y más arena.
Foto: Playa Cocoteros
Procure ir a “Cocos” al final de la tarde, justo antes de la puesta del sol, y deténgase a tomar una cerveza en Rutilio’s y Chimbo’s, dos bares restaurantes en forma de palapa en la misma playa, donde los lugareños acuden a beber cerveza, jugar a los dados y charlar. Puede
sentarse en una de las altas banquetas y observar a los surfistas o a los niños jugando a la pelota en la playa hasta que se pone el alucinante
sol rosa. El pasar algún tiempo en un local concurrido como éstos le dará la oportunidad de mezclarse con los isleños. Y eso es lo maravilloso de Isla Mujeres, que los lugareños están muy dispuestos a hablar con los extranjeros. Totalmente desinteresados, los isleños le pedirán un cigarrillo, le preguntarán de dónde es y se comportarán generalmente con mucha menos indiferencia que sus vecinos de Cancún.
Para explorar el resto de la isla, deberá coger un ciclomotor o un taxi hacia el sur, por la avenida Rueda Medina, saliendo del pueblo. El primer edificio destacado que encontrará pasando los muelles es la base naval mexicana, que está cerrada al público. Desde la carretera, sin embargo, podrá ver (pero no fotografiar) la modesta ceremonia de izar y arriar la bandera a la salida y a la puesta del sol. Siguiendo hacia el sur dejará a su izquierda las salinas y a su derecha verá la laguna Makax, donde cuentan que los piratas anclaban sus barcos en espera de los desafortunados navíos españoles que hacían la ruta de las Indias (zona geográfica donde circulaban los galeotes españoles con sus tesoros).
Siga la carretera hasta llegar a un desvío sin señalizar que conduce a un puente sobre la laguna y a la Isla del tesoro, donde esta la cala de los piratas, un pequeño parque sobre ese tema visitado sobre todo por los excursionistas que vienen a pasar el día desde Cancún. Aunque al parecer nadie de los que residen en la Isla Mujeres acude allí, las familias que sí lo visitan disfrutan de la imitación de un barco naufragado, del teatro al aire libre, las tiendas, el restaurante y algunos pájaros y otros animales enjaulados.
Vuelva a la carretera principal y siga hacia el sur durante unos 4 kilómetros; siga el desvío a la derecha que indica playa Paraíso. Esta hermosa playa tiene enfrente la Hacienda Gomar, un buen restauran le que ofrece comida tipo bufé y música de marimba. También en esa zona encontrará tiendas y un bar en la playa con pequeñas palapas.
Si camina medio kilómetro hacia el sur, ya sea por la playa o por la carretera llegará hasta un cartel que dice “Pesca”. Este señala la entrada a la estación biológica marítima estatal, dedicada principalmente al estudio y preservación de la tortuga de mar, la langosta y los arrecifes de coral, Técnicamente, la estación no está abierta al público, pero en horas de trabajo los turistas pueden examinar diferentes especies y hablar con los biólogos sobre su trabajo. El presupuesto es limitado, pero dado que la población de tortugas del Caribe mexicano sigue diezmando y en peligro de extinción, estos abnegados ecologistas se han consagrado a la tarea de cuidar a las jóvenes crías hasta que crezcan lo suficiente como para echarlas al mar.
Justo al sur de Paraíso se encuentra playa Lancheros, donde puede comer en el modesto restaurante o comprar artesanías, recuerdos y camisetas en los pequeños puestos. También allí, en un estanque de agua marina, hay algunas tortugas de mar domesticadas y crías de tiburón inofensivas (tiburón gato). Por una propina, el cuidador sujetará una de esas criaturas mientras usted se sube a su lomo para que le saquen una foto. (Aunque ésta sea una bonita instantánea para el álbum, los activistas locales protestan vivamente contra tales actividades, ya que las tortugas están en peligro y las condiciones en que viven ambas especies están lejos de ser naturales). Del lado del océano vive la carnívora tintorera (tiburón hembra) que tiene siete hileras de dientes y pesa más de 500 kilos. Hay que pagar una pequeña entrada a la playa, y puede comprar refrescos y recuerdos, Algunas tardes tocan música en vivo.
Dejando la carretera principal, frente a la entrada a playa Lancheros, una estrecha senda entre la maleza conduce a las ruinas de la Hacienda Mundaca, construida por Fermín Mundaca de Marechaja, pirata y traficante de esclavos del siglo XIX (más inclinado a esto último que a lo primero). Cuando la armada británica comenzó a castigar severamente a los traficantes de esclavos, se instaló en esla isla y construyó una ambiciosa propiedad con fastuosos jardines tropicales. La historia cuenta que lo construyó para seducir a cierta isleña que finalmente eligió a otro hombre. El pobre Fermín murió de pena en Mérida, pero su tumba se construyó en el cementerio de Isla Mujeres (aunque las habladurías locales cuentan que no está realmente enterrado allí).
Foto: Hacienda Mundaca
Lo poco que subsistía de la hacienda —aún quedaron unos restos incluso tras el huracán de 1988— se desvaneció misteriosamente, excepto los magros vestigios de una caseta de guarda, un arco, un frontón y un pozo. Abriéndose paso entre la jungla —los mosquitos son feroces—, llegará finalmente a las ruinas del arco de piedra y el frontón triangular donde está grabada la inscripción: “Huerta de la Hacienda de Vista Alegre MDCCCLXXVI”. La lápida de la tumba de Fermín —que según dicen grabó él mismo— reza: “Lo que eres fui, lo que soy serás”.
El siguiente punto importante en la carretera principal es el parque nacional El Garrafón, la tan promocionada y concurrida meca del buceo, para los miles de visitantes de un día procedentes de Cancún. Aunque sigue siendo hernioso, El Garrafón —situado al pie de un acantilado— fue antaño casi mágico por su belleza. Actualmente, como resultado de la acción de pies y manos de los codiciosos submarinistas, del huracán Gilbert y de un calentamiento general, el arrecife de coral está virtualmente muerto. Se ha hablado de cerrar el parque para darle tiempo al coral de reproducirse (el coral crece al ritmo de 1 centímetro cada 10 años), pero demasiados lugareños viven de él como para que ello sea factible. Con todo, los peces aún abundan por allí y las aguas presentan preciosas tonalidades turquesa, aunque las formaciones de coral han sido despojadas de su brillo. El gentío, más numeroso aún entre las 11.00 y las 14.00, no permite que se disfrute mucho del buceo, y a causa de la resaca puede ser peligroso nadar. Aun así, El Garrafón sigue siendo un lugar agradable para una comida al aire libre (abundan los puestos de comida y de recuerdos), y hay palapas, casilleros, alquiler de equipos y un pequeño acuario.
Foto: Parque nacional El Garrafón
Rodeando la punta sur de Isla Mujeres, a eso de 1 kilómetro de El Garrafón, llegará a los tristes vestigios del templo maya, dedicado a Ixchel, la diosa de la fertilidad. Aunque las partes más significativas de las ruinas fueron destruidas por el huracán Gilbert, el faro cercano sigue en pie y el guarda a veces permite subir a los visitantes. Nada más pasar ese lugar, a barlovento, se encuentra uno de los tramos de costa más espectaculares de la isla, desde el que puede observar la silueta (y las luces, si es de noche) de Cancún. Desde allí, siga la carretera hasta el pueblo. Es un paseo de unas dos horas, pero desde Lancheros puede coger un autobús o un taxi para volver.
Mapa de Isla Mujeres



