La plaza de la ciudad vieja de Praga
Al acercarse la hora en punto numerosos visitantes de Praga aprietan el paso para que no se les haga tarde y puedan contemplar uno de los orgullos de la ciudad, desde hace siglos. Quizás algunos se sientan defraudados por el espectáculo y digan: Cuánto ruido para tan poca cosa… Siga leyendo y quizás lo comprenda.
Foto: Lado oriental de la plaza de la ciudad vieja.
El famoso Reloj hacia el que los espectadores levantan la vista está situado en el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, el lugar que junto con la iglesia es el más importante en cualquier ciudad. En el pasado se reunÃa aquà el concejo municipal, el burgomaestre y los concejales. Todos juntos se esforzaban para que el ayuntamiento fuera un edificio hermoso y se distinguiera por alguna originalidad. Asà sucedió con el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja.
Foto: El reloj del ayuntamiento de la ciudad vieja
Fue el rey Juan Luxemburgo quien, en el año 1338, concedió a la municipalidad de Praga el derecho de construir el ayuntamiento. Se constituyó poco a poco, mediante la compra y gracias a las donaciones de casas que luego se acondicionaron. En la segunda mitad del siglo XIV se levantó en la esquina del ayuntamiento la torre cuadrangular con una capilla gótica salidiza. Hacia 1410, el maestro relojero Mikulá de Kadané, y el astrónomo, Jan Sindel, construyeron en la cara sur de la torre un reloj extraordinario. Sin embargo, al desaparecer el relojero, nadie fue capaz de reparar el mecanismo del reloj. Hubo que esperar hasta el año 1490, cuando el maestro Hanu Rúie lo reconstruyó y perfeccionó. El maestro Hanu que reparó el reloj fue un personaje extraordinario, casi genial, porque su reloj marcaba el año, el mes, el dÃa, la hora, la salida y la puesta del Sol y de la Luna y el movimiento de los astros. El reloj tenÃa, en la parte superior, dos ventanillas que se abrÃan al tocar la hora en punto, para dejar paso al desfile de los doce apóstoles y de Cristo bendiciendo. Además, encima de la esfera, habÃa otras figuritas móviles: el Esqueleto, el Turco y las alegorÃas de la Avaricia y la Vanidad. Sin embargo, el relojero genial no tuvo sucesor y a su muerte, el reloj se paró (cuenta la leyenda que fue el propio Hanu quien paralizó el reloj, para vengarse de los concejales que se habÃan portado mal con él, pues le quitaron la vista para que no pudiera repetir su hazaña y creara para otros una obra, quizás, aún más perfecta). Hasta el año 1552, otro maestro relojero, Jan Táborsk) de Kbkotská y la historia volvió a repetirse. Después de su muerte el reloj dejó de funcionar. Muchos fueron los que intentaron poner en marcha ese monumento único, unos con mayor y otros con menor éxito. En 1865 se procedió a una reconstrucción a fondo y el reloj fue decorado con el calendario de Josef Mánes (famoso pintor del romanticismo checo). El original del calendario astronómico está guardado en el Museo Municipal de Praga. Lo que nosotros admiramos en el ayuntamiento es una copia. Aunque durante la revolución de 1945 el reloj sufrió daños, fue restaurado con aspecto original, para seguir con obstinada regularidad recordando a los visitantes de la capital cuan rápidamente pasa el tiempo…
El propio Ayuntamiento de la Ciudad Vieja es un conjunto arquitectónico singular en el que han dejado su huella todas las épocas históricas, desde el perÃodo románico hasta nuestros dÃas.
En el interior podemos admirar la capilla salidiza que data de 1348, la sala de sesiones y la sala del concejo; en la planta baja la galerÃa gótica y la Sala de los Caballeros con su notable bóveda de finales del siglo XIII (ambos espacios sirven de salas de exposiciones de la GalerÃa de Arte de la capital, Praga).
En el exterior, junto al reloj, observarán el bonito ventanal renacentista sobre el que resplandece la inscripción Praga Caput Regni.
En ese momento si logran vencer la fatiga y el cansancio, y trepan hasta lo alto de la torre, tendrán la recompensa de divisar el encantador panorama de la Plaza de la Ciudad Vieja a sus pies.
Desde aquà podrán admirar otro monumento de la plaza: la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, delante de la cual se alza la Escuela del Týn, decorada con hastiales renacentistas venecianos de mitad del siglo XVI. A su lado (visto desde la torre a la izquierda) y haciendo esquina está la casa gótica «de la Campana de Piedra», muy bien conservada (es propiedad de la GalerÃa de Arte de la capital Praga y también aquà se organizan exposiciones y conciertos). Junto a esa casa gótica se extiende soberbiamente el Palacio Goltz-Kinsky de estilo barroco tardÃo, construido según los planos de Kilián Ignác Dienzenhofer, que también se utiliza para exposiciones organizadas por la GalerÃa Nacional. La joya barroca de la plaza es, sin lugar a dudas, la Iglesia de San Nicolás (de Kilián Ignác Dienzenhofer), una obra de un nivel artÃstico extraordinario, decorada con esculturas de A. Braun. Las formas redondas del edificio seducen e invitan a entrar y meditar un momento, sobre todo en los dÃas calurosos de verano.
Foto: Iglesia de San Nicolás
Todo lo que se halla en la Plaza de la Ciudad Vieja es digno de atención, pero se necesitarÃa un dia entero para hacer una descripción detallada. Pasemos revista a las fachadas de las casas en la parte sur de la plaza. Son en su mayorÃa barrocas, pero encierran núcleos románicos y góticos. Merece atención la casa «del Unicornio» [U jednorozce) No. 548, en la esquina, con su entrada que ostenta una bellÃsima bóveda ojival de nervadura.
Un verdadero deleite es la casa de Nuestra señora de Piedra (U kamenné Panny Marie) No. 552, construida en estilo neorenacentista con frescos de Mikolás Ales, pintor checo del siglo XIX.
Cada casa y cada piedra de la Plaza tienen su historia. También la tiene la propia Plaza y es una historia muy rica. Hay documentos escritos del año 1100 que mencionan una plaza de mercado en la orilla derecha del rÃo Vltava (hoy la Plaza de la Ciudad Vieja), donde los sábados habÃa mercado, y donde tenÃan lugar multitudinarias concentraciones públicas, por ejemplo, militares.
El creciente auge de la capital y naturalmente de la Ciudad Vieja y de su Plaza se produce bajo el reinado de Carlos IV. Y como suele ocurrir, después de años de vacas gordas, suelen venir las vacas flacas. El creciente poderÃo de la Iglesia, la lujuriosa vida de la nobleza y del soberano encendieron la cólera del pueblo llano. En el escenario aparece Juan Hus (1372—14151), su monumento adorna la Plaza de la Ciudad Vieja. Él predicaba la vida en pobreza y en temor de Dios y no gozaba de los favores de los poderosos. Sus sermones apasionados en la cercana Capilla de Belén arrastraban a la muchedumbre de pobres y también grupos de personas acomodadas, incluso ricas, que querÃan vivir en la verdad.
La Plaza de la Ciudad Vieja vivió ceremonias, disturbios y ejecuciones. Tristemente célebre es la ejecución de 27 nobles checos en 1621, suceso rememorado en la placa sobre la fachada oriental del ayuntamiento y en las cruces del mosaico de la acera. Asà fue el desenlace de la creciente tensión entre los Estados y el soberano (entre la nobleza y las ciudades). Los Estados checos sentÃan que su posición se venÃa debilitando, pues los lugartenientes reales no se dignaban en reconocer el Decreto de su Majestad Rodolfo II (9. 7. 1609) que aseguraba la libertad de culto a los no católicos. La tensión entre el soberano, sus oficiales y los Estados desembocó en un enfrentamiento militar entre los ejércitos de los Estados y los del emperador, en la batalla de la Montaña Blanca (8. 11. 1620). El ejército imperial derrotó las unidades militares de los Estados. Las consecuencias de la derrota fueron catastróficas tanto para los Estados, como para la burguesÃa checa y la población en general. Pillaje y saqueo y para colofón, la ejecución de los 27 nobles checos en la Plaza de la Ciudad Vieja, a la que siguió la reconversión forzada. Todos los que se negaron y los que no quisieron perder la vida se exiliaron. AsÃ, cerca de 20.000 personas abandonaron entonces su patria.
En los siglos que siguieron, la Plaza de la Ciudad fue testigo de más de una escena macabra. Cuando el paÃs y la nación vivÃan acontecimientos extraordinarios, la muchedumbre se concentraba en la Plaza. Algunos gritaban sus vivas y otros levantaban el puño. La Plaza de la Ciudad Vieja tiene un poder de atracción que magnetiza a las multitudes.
Foto: Mapa de la ciudad vieja de praga



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